25 mar. 2018

¿QUÉ ES CONOCER?

Los Reyes Magos son unos seres sobrenaturales que, una vez al año, son capaces de llevar regalos a todos los niños en una sola noche. Los electrones se mueven siguiendo trayectorias bien definidas. El tiempo que tarda en desintegrarse un muón es el mismo para todos los observadores. Lance Armstrong fue el mejor ciclista del mundo entre los años 1999 y 2005. Lo mejor para el bien común es hacer funcionar los servicios públicos con dinero prestado por los banqueros, en vez de recaudar ese dinero a través de los impuestos.

En gran cantidad de ocasiones sucede que estamos convencidos de que algo es verdad. Sin embargo, un porcentaje importante de veces descubrimos, más tarde, que estábamos equivocados, y que aquellas cosas que estimábamos saber no eran más que creencias. En la era que los medios han bautizado como "posverdad", al constatar con rabia que la web 2.0 ha hecho posible que ya no sean ellos los únicos que pueden manipular las noticias, se ha hecho vital ser capaz de distinguir el conocimiento bien establecido de las simples creencias. Pero, ¿tenemos clara cuál es la diferencia entre saber y creer?

Esta frase, atribuida a Carl Sagan, puebla los memes "escépticos" que circulan por las redes sociales. No he podido encontrar la fuente original, con lo que pongo en duda que efectivamente Sagan dijera eso. El hecho de que los "escépticos" que difunden estos memes no se hayan parado a comprobar la fuente parece indicar que se sienten más cómodos creyendo que sabiendo.

Por muy convencidos que estemos de que son ciertas las cinco afirmaciones con las que ha comenzado este artículo, no podemos decir que son cosas que "sabemos", simplemente porque son falsas. Está claro, por tanto, que estar seguro de que es verdad y que, además, sea verdad, son dos condiciones necesarias para poder afirmar que "sabemos" algo.

Por ejemplo, de acuerdo con la segunda ley de Newton de la dinámica, resumida en la fórmula F=ma (donde F es la fuerza total que actúa sobre un cuerpo, m su masa y a su aceleración), es posible acelerar un objeto hasta que vaya más rápido que la luz en el vacío. Ni siquiera hace falta empujarlo con mucha fuerza, basta tener mucha paciencia para estar mucho rato empujando. Si esta fuerza es constante, el objeto aumentará su velocidad cada segundo en una cantidad constante, hasta llegar a la velocidad de la luz c, e incluso superarla. Sin embargo, no podemos decir que los físicos preeinstenianos "sabían" que F=ma para todos los objetos. Ellos creían que F=ma para todos los objetos porque la física de Newton funciona muy bien en los experimentos y observaciones que ellos hacían con velocidades mucho más pequeñas que la de la luz. Pero no es verdad que F=ma si el objeto posee una velocidad comparable con la de la luz. En física de Newton la fórmula F=ma viene de derivar respecto del tiempo la cantidad de movimiento p=mv del objeto, siendo v su velocidad. Pero, de acuerdo con la Teoría Especial de la Relatividad de Einstein, p=mγv, donde

Al derivar p respecto del tiempo, no se obtiene F=ma, sino una expresión más complicada. No podemos decir que los físicos preeinstenianos supieran que se puede superar la velocidad de la luz, simplemente porque, aunque pensaban eso, no es verdad.

Como segundo ejemplo indicamos que no podemos decir que los físicos de partículas "sabían" que existe el bosón de Higgs antes de 2012 porque, aunque es cierto que esta partícula existe y que la mayoría creía en ella, ya que era la última pieza que faltaba del "puzzle" del Modelo Estándar, todavía no se había observado ninguna señal de la misma y no estábamos seguros de su existencia.

No obstante, se dan muchos casos en los que hay personas que piensan que es verdad algo que es, en efecto, verdad, y, sin embargo, no podemos decir que lo que ellos tienen sea "conocimiento". Por ejemplo, algunos individuos, además de no poseer un mínimo de formación científica, son paranoicos y piensan que toda radiación electromagnética es dañina y que, por ello, creen con toda seguridad que la radiación electromagnética emitida por los aparatos de rayos X que hay en los hospitales para hacer radiografías es dañina. No tienen ninguna justificación racional para creer tal cosa. Pero, en realidad, sí es verdad que esas ondas electromagnéticas que emiten esos aparatos sean dañinas, ya que cada fotón de rayos X tiene energía suficiente para ionizar un átomo o una molécula de nuestro organismo. Ante una fuerte caída, el médico hace un análisis coste-beneficio y te suele mandar una radiografía, porque la probabilidad de efectos estocásticos, como mutaciones o cáncer, es baja a las dosis que se aplican, pero no hay dosis sin riesgo. En este caso, aunque esas personas paranoicas creen en algo y ese algo es verdad, no podemos decir "Esas personas saben que los rayos X son dañinos". No lo saben. No tienen ni idea sobre ondas electromagnéticas ni sobre los efectos de éstas sobre la salud.

Del ejemplo anterior podemos concluir que estar seguro de algo y que ese algo sea verdad son dos condiciones necesarias para poder decir que tenemos conocimiento de ese algo, pero no son suficientes. Hay otra condición necesaria para poder afirmar que sabemos algo: ese juicio debe tener una justificación racional. Hemos debido llegar a ella mediante algún razonamiento válido, un argumento que, partiendo de unas premisas, llegue a una conclusión de forma que es imposible lógicamente que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa.

Un ejemplo de un razonamiento que no es válido es el que hacen habitualmente los pseudoescépticos cuando "demuestran" que las ondas electromagnéticas de la tecnología inalámbrica wifi no son dañinas mediante el siguiente argumento:
  • Premisa 1: Si son radiaciones ionizantes => Seguro que son dañinas.
  • Premisa 2: Las ondas electromagnéticas del wifi no son ionizantes.
  • Conclusión: Las ondas electromagnéticas del wifi no son dañinas.
Se trata de la conocida falacia  de la negación del antecedente. Al igual que ocurría en el ejemplo anterior de los rayos X con los paranoicos anti radiaciones, en el caso del wifi los pseudoescépticos anti anti-radiaciones también están en lo cierto en que las ondas electromagnéticas del wifi no son dañinas. Sin embargo, aunque estén en lo cierto, tampoco se puede decir en este caso que "saben" que no son dañinas, ya que no han llegado a esta conclusión mediante el uso de la razón, sino mediante la aceptación de la misma para sentirse parte del movimiento escéptico y no ser tildado de "magufo".

El físico, investigador y youtuber @mientrasenfisic explica acertadamente que es incorrecto, a partir del enunciado "Todas las radiaciones ionizantes son dañinas", deducir "La radiación del wifi es dañina", porque la radiación del wifi no es ionizante. Los pseudoescépticos entienden mal esta explicación y se piensan que, a partir del enunciado "Todas las radiaciones ionizantes son dañinas" y de "El wifi no es ionizante" se puede deducir "El wifi no es dañino", lo que sería una falacia.

Por lo que sé, el primer pensador occidental influyente que se dio cuenta de que el conocimiento tiene que incluir, además de a una creencia cierta, la capacidad de ofrecer una explicación de lo que uno cree o reconoce, fue Platón. En su diálogo Teeteto [Platón368a.c.] se dice:

TEETETO – Estoy pensando ahora, Sócrates, en algo que le oí decir a una persona y que se me había olvidado. Afirmaba que la opinión verdadera acompañada de una explicación es saber y que la opinión que carece de explicación queda fuera del saber (Teeteto 201c-201d).
[...]
SÓCRATES – De manera que cuando uno adquiere acerca de algo una opinión verdadera, el alma alcanza la verdad sobre el punto de que se trate, pero no llega al conocimiento del mismo. Efectivamente, quien no puede dar y recibir una explicación de algo carece de saber respecto de ello. Sin embargo, si alcanza una explicación, todo esto le es posible hasta lograr la plena posesión del saber (Teeteto, 202b-202c).

En resumen, para poder decir que "sabemos" algo es necesario que se cumplan estas 3 condiciones:
  • 1- Que estemos convencidos de que ese algo es verdad.
  • 2- Que, en efecto, ese algo sea verdad.
  • 3- Que nuestro convencimiento de que ese algo es verdad tenga una justificación racional.
En el resto del diálogo, Platón, en boca de Sócrates, expone los problemas que plantea la condición 3. Si aceptamos como explicación racional la construcción de ese juicio a partir de sus elementos, nos encontramos con un obstáculo. "Los primeros elementos [...] constituyen algo que no tiene explicación" (201-d), lo que nos llevaría a aceptar que "son incognoscibles los elementos, mientras que es cognoscible el género de lo compuesto" (202-e). En efecto, desde que surgió el pensamiento racional con los presocráticos, la ciencia está basada en primeros principios, postulados, axiomas, elementos fundamentales para los que no tenemos ninguna explicación. Por ejemplo, el principio de relatividad y el hecho de que la velocidad máxima de propagación de las interacciones c sea finita son postulados de la Teoría Especial de la Relatividad que no se justifican racionalmente a partir de otros elementos más allá del hecho de que los aceptamos como verdaderos debido al sólido soporte experimental que tiene la teoría. ¿Significa eso que no podemos decir que "sabemos" que los objetos físicos se comportan de acuerdo a las mismas leyes en todos los sistemas de referencia inerciales, pero que sí "conocemos" todas las leyes relativistas que se derivan de este postulado? Por otro lado, si aceptamos como explicación racional de algo la expresión de aquello que lo diferencia de lo demás, entonces el conjunto de todos los juicios verdaderos sobre ese algo constituirían por sí mismos ya una explicación racional de ese algo, haciéndose innecesaria la condición 3. "Si lo que quieres decir es que hay que añadir a la opinión aquello que distingue a una cosa de las demás, la indicación resulta completamente ridícula" (209-d).

Aunque Platón concluye el Teeteto rechazando las 3 condiciones expuestas anteriormente como definición de "conocer" y dejando el problema abierto, desde su época hasta mediados del siglo XX ha habido un consenso implícito general en el pensamiento occidental en aceptar como definición clásica de "conocimiento" que estas 3 condiciones no sólo son necesarias, sino también suficientes. Suena razonable pensar que, una vez estamos convencidos de algo a lo que hemos llegado mediante un método racional, y resulta que ese algo es cierto, podemos decir que conocemos ese algo. Sin embargo, en 1963 el filósofo estadounidense Edmund Gettier [Gettier1963] demostró que estas tres condiciones, aunque necesarias, no son suficientes para tener conocimiento. A pesar de que los contraejemplos que dio Gettier, basados en situaciones hipotéticas de la vida cotidiana, parecen bastante ingenuos y de que no requieren de formación científica para construirlos o entenderlos, éstos generaron una amplísima polémica. Resulta que es también relativamente fácil encontrar casos de tipo Gettier en la historia de la ciencia. Se trata de casos en los que los científicos, aplicando el método científico, habían llegado a convencerse de algo que, efectivamente, era verdad, pero que, a la luz de los conocimientos actuales, no podemos decir que "conocían" ese algo.

Por ejemplo, en el caso de una partícula con carga q que se mueve a una velocidad v=0,9c en un campo magnético B uniforme cuya cantidad de movimiento inicial p es perpendicular a B, la fuerza total que actúa sobre ella es la fuerza de Lorentz F=qvB. Por ello, si aplicamos la primera ley de Newton, se tiene que
qvB=ma
En este caso, como la fuerza neta que actúa sobre la partícula es perpendicular a la velocidad v, toda la aceleración es centrípeta, es decir, la partícula sufrirá una desviación en su trayectoria y describirá una circunferencia de radio R en el plano perpendicular al campo magnético B, de tal forma que
a=v^2/R
Uniendo las dos fórmulas anteriores podemos concluir que
R=mv/(qB)
y, debido a que en física de Newton p=mv, llegamos a la fórmula
R=p/(qB)
bien conocida por los físicos de finales del siglo XIX. Hoy en día sabemos que esta fórmula es correcta, hecho que se comprueba rutinariamente en todos los aceleradores de partículas que no son lineales. Sin embargo, ha sido derivada a partir de la fórmula incorrecta F=ma de la física de Newton, fórmula que, para partículas cuya velocidad es v=0,9c, no es válida. Si usamos la fórmula correcta para la fuerza centrípeta, la que nos proporciona la dinámica relativista,
F=mγa
llegamos a
R=mγv/(qB)
y, debido a que en relatividad p= mγv, se obtiene finalmente
R=p/(qB)
Es decir, da la casualidad que sale ¡la misma fórmula que en física de Newton! Por ello, está claro que no podemos decir que los físicos  del siglo XIX supieran que R=p/(qB) para las partículas cuya velocidad se acerca a la de la luz, a pesar de que cumplían las 3 condiciones para el conocimiento expuestas anteriormente.

Los contraejemplos de Gettier nos demuestran que, en rigor, las condiciones 1, 2 y 3 no son suficientes para el conocimiento. Partiendo de premisas falsas se puede llegar, usando razonamientos válidos, a una conclusión verdadera por un golpe de suerte. Este es el motivo por el que Gettier propuso una cuarta condición para el conocimiento:
  • 4- Que no hayamos llegado a esa conclusión partiendo de una creencia falsa.
Sin embargo, desde mi punto de vista, aceptar la condición 4 como otra condición necesaria para el conocimiento no está exenta de problemas. Por ejemplo, aunque en un amplio rango de experimentos da predicciones correctas, los físicos actuales estamos seguros de que la relatividad especial es también, en rigor, incorrecta. De la misma manera que la física de Newton tiene que ser reemplazada por la relatividad especial para poder explicar el comportamiento de las partículas que viajan a velocidades cercanas a las de la luz, y la propagación de la luz misma, la teoría de Einstein tiene que ser reemplazada por la teoría cuántica de campos, una teoría relativista y, a la vez, cuántica, para dar cuenta de que las partículas no siguen en su movimiento trayectorias bien definidas y de que ni siquiera el mismo número de ellas tiene por qué estar bien definido. Se trata de dos postulados implícitos, a partir de los cuales se desarrolla la teoría especial de la relatividad y que hoy, sabemos, son falsos. Y, lo que es peor, la misma teoría cuántica de campos parte de postulados incorrectos que no son capaces de dar cuenta de forma consistente de todos los fenómenos gravitatorios. Si somos tan estrictos de exigir que, para poder considerar algo como "verdadero conocimiento", tenga que cumplir la condición de que no parta de principios o postulados falsos, ¡ni siquiera podríamos considerar al conocimiento científico actual como conocimiento!

El párrafo anterior nos deja bastante claro que el conocimiento no es una variable que tome valores discretos como "se tiene" o "no se tiene". Hay que hablar, en cambio, de distintos grados de tener o no "conocimiento" que nos indican la calidad de este conocimiento, incluso aunque ese juicio que tenemos resulte, a posteriori, ser verdadero. Por tanto, las condiciones 1, 2, 3 y 4 han de entenderse como condiciones necesarias para que eso que sabemos sea conocimiento de alta calidad. Einstein en 1905 sabía que una partícula cargada en un campo magnético uniforme realiza en su movimiento una trayectoria circular de radio R=p/(qB). Estrictamente hablando, las condiciones 1 y 3 se cumplen, pero no así las condiciones 2 y 4, ya que las trayectorias de las partículas cuánticas ni siquiera existen. Lo que tenemos son nubes de probabilidad y, por eso, cuando un electrón da vueltas alrededor de un núcleo atómico hablamos de "orbitales" en vez de "órbitas". Sin embargo, sí que llamamos a lo que tenía Einstein en 1905 "conocimiento", aunque, debido a que 2 y 4 estrictamente no se cumplen, no es un conocimiento de tanta calidad epistemológica como el que tiene un físico de partículas actual que domina la teoría cuántica de campos.

Además de necesarias para poder hablar de "conocimiento de calidad", ¿son esas cuatro condiciones suficientes? El filósofo norteamericano Carl Ginet propuso otro interesante contraejemplo donde se cumplen esas 4 condiciones, pero en el que, claramente, no podemos hablar de conocimiento verdadero. Este nuevo ejemplo tipo Gettier fue publicado por primera vez en 1976 en un artículo de Alvin Goldman y se resume en lo siguiente. Imaginemos que en una alejada región existe una carretera en la que Sócrates conduce su coche. Hacia los lados derecho e izquierdo él observa una gran cantidad de lo que parecen ser graneros encima de cada colina. Por ello, está convencido de que lo que está viendo son graneros (condición 1). Se trata de una convicción que está plenamente justificada racionalmente (condición 3) y que, además, no ha sido inferida de ninguna creencia falsa (condición 4) porque no se ha deducido de nada. Simplemente, está viendo los graneros. Sin embargo, lo que Sócrates no sabe es que una directora de cine acaba de rodar una película en la zona y, por exigencias del guión, necesitaba que hubiera un granero encima de cada colina, así que puso carteles imitando un granero encima de cada colina. Eso haría que no se cumpliese la condición 2. Pero, ¿qué ocurre si diera la casualidad de que justo en la colina en la que Sócrates está señalando hubiese un granero de verdad y que, por eso, la directora de cine no necesitó poner uno de mentira? En ese caso también se cumpliría la condición 2. Se cumplirían las cuatro condiciones para el conocimiento, pero no podemos decir que Sócrates sepa que ahí hay un granero. No lo sabe. Ha acertado de casualidad, por un golpe de suerte. Si la directora de cine hubiera puesto un granero de mentira encima de esa colina, Sócrates habría pensado igualmente que ahí hay un granero. La creencia de Sócrates en que ahí hay un granero no es sensible al hecho de que ahí haya o no un granero [Goldman1976].

Nos vemos, por tanto, obligados a imponer otra condición necesaria para poder decir que "sabemos" algo, y que ese conocimiento es de calidad:
  • 5- El hecho de que estamos seguros de eso es sensible a la verdad en el sentido de que, si no se hubiera dado el caso de que ese algo fuera verdad, no pensaríamos que es verdad.
También hay ejemplos en la historia de la ciencia parecidos al de los graneros de mentira [Chalmers 1999]. Cuando Copérnico propuso su modelo heliocéntrico, se puso de manifiesto que, al circular la Tierra alrededor del Sol en una órbita exterior a la de Venus e interior a la de Marte, el tamaño aparente tanto de Venus como de Marte debería cambiar apreciablemente a lo largo del año. Esto es así porque, cuando la Tierra está en el mismo lado con respecto del Sol que alguno de estos dos planetas, este planeta está mucho más cerca de la Tierra que cuando ambos están en lados opuestos. Cuando se estudió este asunto cuantitativamente se concluyó que el diámetro aparente de Venus debería cambiar en un factor 6 y el de Marte en un factor 8.
La distancia Tierra-Venus cambia a lo largo del año en el modelo heliocéntrico.
Fuente: https://youtu.be/_CAtiymmOaU

Por otro lado, de acuerdo con el modelo de Ptolomeo, el modelo geocéntrico que había servido con éxito a astrónomos y navegantes durante 14 siglos, Venus y Marte no deberían apenas cambiar de tamaño aparente, ya que dan vueltas alrededor de la Tierra y el tamaño de los epiciclos que había que introducir no era lo suficientemente grande como para que este efecto afectara mucho al tamaño aparente. Sólo hay que observar y anotar el tamaño aparente de estos dos astros a lo largo del año para poder distinguir qué modelo de universo es más adecuado. Bien, pues resulta que lo que se observaba, y se observa en la actualidad, es que Venus no cambia de tamaño y Marte lo hace en un factor que no llega a 2. Se trata de una prueba experimental sólida ¡a favor del modelo geocéntrico y en contra del heliocéntrico!

Geoz wb en.svg
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Al igual que Sócrates desconocía que se acababa de rodar una película, los astrónomos de principios del siglo XVII no sabían que nuestros ojos no son instrumentos en los que se pueda uno fiar para estimar el tamaño aparente de objetos tan pequeños y brillantes sobre un fondo oscuro. Fue Galileo el que se dio cuenta de esto y el que mostró al mundo que, si observamos a Venus y a Marte con el telescopio, sí que se aprecia que estos cambian como predice el modelo copernicano. En este caso los defensores del modelo geocéntrico estaban equivocados, pero, si no lo hubieran estado, tampoco podríamos decir que supieran que el modelo geocéntrico es más adecuado que el heliocéntrico porque, independientemente de que la distancia entre la Tierra y Venus o Marte hubiese cambiado o no, ellos habrían concluido que no cambiaba. Su juicio era racional, pero no era sensible a la verdad. No se cumplía la condición 5.

Para analizar un ejemplo similar pensemos en una clase de Física y Química de secundaria. Los profesores abusamos del lenguaje y, a los átomos de hidrógeno que han perdido su electrón para convertirse en iones positivos H+, los llamamos "protones". En rigor, esto sólo es cierto para los átomos de hidrógeno-1, ya que éstos poseen un protón en su núcleo y ningún neutrón, de manera que, cuando el electrón se va, el ion H+ sólo consiste en un protón solitario. Pero si lo que se ioniza es un átomo de deuterio, hidrógeno-2, lo que queda es un núcleo solitario que está formado por la unión de un protón y un neutrón, de tal forma que no es correcto llamar a H+ "protón". El motivo por el que los profesores y los libros de texto se refieren genéricamente a H+ como "protón" es porque en un vaso de agua cualquiera el 99,985% de los átomos de hidrógeno son de hidrógeno-1, lo que constituye una prueba estadística sólida de que, si cogemos un átomo de H al azar, éste con gran seguridad será de hidrógeno-1. Los buenos estudiantes conocen el concepto de isótopo y saben que, cuando los profesores llamamos protones a los H+, estamos abusando del lenguaje y que este abuso no implica que se cometa un error apreciable. Sin embargo, un mal estudiante que no se ha estudiado todavía que existen los isótopos está convencido que eso que el profesor llama "protón" es un protón. Supongamos que ese ion en concreto del que estamos hablando es, en efecto, un protón. ¿Sabe el estudiante que es un protón? No lo sabe, porque su creencia en que es un protón no es sensible a la verdad. Si hubiéramos tenido la mala suerte de coger uno de esos 0,015% átomos que no son hidrógeno-1, el estudiante habría seguido pensando que es un protón. Las pruebas estadísticas no cumplen la condición 5, con lo que nos aportan un conocimiento de inferior calidad que las pruebas individuales (una prueba individual podría ser un espectrógrafo de masas que distinga los isótopos hidrógeno-1 e hidrógeno 2 con cierto porcentaje de fallo). Este punto tiene grandes implicaciones éticas, jurídicas y políticas que desarrollaremos en un artículo posterior para no alargarnos demasiado con este artículo.

Y es que, para desesperación del lector, tenemos que indicar que la historia no acaba aquí. Las 5 condiciones impuestas son necesarias, pero siguen sin ser suficientes. En una variación del ejemplo anterior, la directora de cine se puso a poner graneros en la cima de todas las colinas que se encontraba hasta que, justo antes de llegar a la última colina, se quedó sin graneros de mentira para poder poner porque tenía un presupuesto limitado para hacer la película. Pero entonces se encontró con la suerte de que justo en esa última colina había un granero de verdad. En ese caso, si no hubiera habido un granero en la última colina, Sócrates no habría visto ningún granero y no pensaría que hay ahí un granero, con lo que la condición 5 sí se cumple. Sin embargo, seguimos sin poder decir que Sócrates sabe que ahí hay un granero. Sócrates se ha equivocado en identificar un granero en todas las colinas y, en el caso de la última, ha acertado de casualidad. Se trata de un acierto en un mar de fallos.

Este último ejemplo parece indicarnos que necesitamos una sexta condición:
  • 6- Nuestras predicciones sobre ese asunto son, en su mayor parte, acertadas.
Pero imaginemos que Sócrates tiene la suerte de, por la trayectoria concreta que sigue en la provincia que está llena de graneros falsos, encontrarse justamente sólo con los 20 graneros verdaderos que hay. En ese caso se satisfacen las 6 condiciones, pero seguimos sin poder decir que Sócrates sabe que en la colina que está señalando hay un granero. Si, por ejemplo, Teeteto, después de ver el making-of de la película, se entera de que Sócrates ha hecho un viaje por la provincia de los falsos graneros, seguro que no va a confiar en Sócrates cuando éste le cuente que ha visto 20 graneros. Los juicios que emita una persona que desconoce que allí se ha rodado una película sobre cuántos graneros ha visto en su viaje no son de fiar. ¿Por qué confiar, por tanto, en que Sócrates tiene algún conocimiento sobre qué colinas en su viaje tenían graneros aunque haya dado la casualidad de que sólo viajara por la carretera en la que hay graneros de verdad?

Insisto en que este problema epistemológico no es simplemente un problema de filósofos de salón. Puede tener grandes implicaciones jurídicas, éticas y políticas, asunto que desarrollaremos en un futuro artículo. Por ejemplo, si se comprueba que un medicamento tiene una alta eficacia curativa, pero se desconocen con exactitud sus mecanismos de acción, ¿podemos decir que "sabemos" que cura? Puede que sí, pero ese "saber" está claro que no tiene la misma categoría que en el caso de un medicamento cuyo mecanismo sí se conoce. Si le digo a un estudiante de 3º de la ESO que mida la intensidad de corriente que pasa por un cable y el amperímetro que usa le marca acertadamente 76 mA, ¿podemos decir que ese estudiante "sabe" que por el cable pasan 76 mA? Sin tener conocimientos sobre campos magnéticos a lo máximo que a lo mejor llega ese estudiante, si entiende bien el concepto de intensidad de corriente eléctrica, es a imaginarse que dentro del amperímetro hay un enanito que cuenta el número de electrones que pasan por ahí cada segundo. No conoce el mecanismo, luego podría estar usando el amperímetro para medir una corriente fuera del rango en que éste mide bien. Pongamos que ha tenido suerte y no es el caso. Aun así, no podemos decir con rigor que "sabe" que la corriente que pasa por ese cable es 76 mA. Para ello haría falta que el estudiante conociera al menos a grandes rasgos el mecanismo del amperímetro y la información del fabricante sobre el rango en el que se ha comprobado que está correctamente calibrado.

Los ejemplos anteriores nos indican que necesitamos una séptima condición. No hay consenso en cómo debemos anunciar esta condición adicional, pero debe ser algo así como:
  • 7- El método utilizado con el que hemos llegado a esa conclusión ha de ser fiable.
El método de identificar graneros a lo lejos sólo con tus propios ojos no es de fiar. Tampoco es fiable usar un aparato calibrado sin tener ningún conocimiento sobre las leyes físicas en las que se basa ni sobre el rango en el que el fabricante dice que debe usarse. Y tampoco podemos fiarnos de nuestros ojos para estimar el tamaño aparente de los astros.

El problema con la condición 7 es que no está claro cómo saber si un método es fiable o no. ¿Convenció Galileo a los demás astrónomos de su época para que utilizaran su telescopio chapucero, en vez de sus propios ojos, que es lo que se había hecho de toda la vida? A muchos no. Los astrónomos más reticentes a usar el telescopio murieron pensando que el modelo geocéntrico era más adecuado que el heliocéntrico. ¿Eran irracionales por ello? No. En cambio, entre los jóvenes la aceptación del telescopio fue más amplia. La revolución copernicana triunfó, pero el proceso fue largo y tortuoso.

En otras palabras, no hemos resuelto el problema de caracterizar qué es "conocimiento" de calidad. Lo que hemos hecho es trasladar el problema a caracterizar cuando un método es o no fiable. Podríamos decir ingenuamente que un método es fiable sí y sólo sí es científico. Pero hay un problema con esto. La metodología que usamos los científicos, aunque es la mejor que se ha inventado, no es infalible y, además, no podemos decir que exista un único método científico universal y ahistórico. El ejemplo de la revolución copernicana que hemos nombrado aquí es sólo uno de los múltiples casos en la historia de la ciencia en la que los científicos han cambiado su forma de trabajar. Abordamos estas cuestiones en el resto del Curso de Filosofía y Metodología de la Ciencia. El problema de la caracterización del conocimiento, o, como me gusta llamarlo, de establecer la calidad de los distintos conocimientos, sigue todavía abierto.

Sobre el autor: Sergio Montañez Naz es doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid y profesor de Secundaria en la Comunidad de Madrid.


Referencias bibliográficas

  • Chalmers A. (1999), What Is This Thing Called Science?, 3rd edn, Milton Keynes: Open University Press.
  • Gettier, Edmund (1963). "Is Justified True Belief Knowledge?" Analysis. 23: 121–123.
  • Goldman, Alvin I. (1976), "Discrimination and Perceptual Knowledge," The Journal of Philosophy.
  • Hare C. (2013), "What is knowledge", in 24.00x Introduction to Philosophy: God, Knowledge, and Consciousness, MITx.
  • Platón (368 a.c.). Teeteto 201c-210b (Traducción de A. Vallejo Campos para la edición de la editorial Gredos, 1988).

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