Un domingo de 1583 Galileo, cuando era un estudiante de apenas 18 años, no se podía concentrar en sus oraciones en la catedral de Pisa porque había algo curioso que le llamaba la atención y no podía parar de pensar en ello. Había una suave corriente de aire en el interior de la iglesia y una gran lámpara suspendida del techo se movía en forma de vaivén. Según la física de Aristóteles, dominante hasta la época, la lámpara lo que estaba haciendo era un movimiento forzado intentando alcanzar su posición natural, que es estar lo más baja posible. Por mucho que un aristotélico quisiera hacer experimentos de precisión con un péndulo, u objeto similar a esa lámpara, nunca habría llegado a ninguna conclusión interesante porque habría intentado medir la magnitud relevante en ese paradigma: el tiempo que el péndulo tarda en llegar a pararse, en llegar a su posición natural, magnitud que depende de si hay más rozamiento o menos y que poco tiene que decirnos acerca de las leyes de la física.
Sin embargo, Galileo, observando el mismo objeto, supo ver otra cosa: un movimiento periódico, que se repite una y otra vez. Y al hacer esto Galileo apreció algo sumamente sorprendente: el periodo de ese péndulo era independiente de la amplitud si ésta no era demasiado grande. ¡Cualquiera diría que para recorrer un arco más grande tendría que tardar más! Pero no. Este tiempo depende sólo de la longitud del péndulo y de la intensidad del campo gravitatorio, pero no de la amplitud, descubrimiento que nos abrió las puertas a conocer los principios más profundos que gobiernan el funcionamiento del universo.
En esta vida es importante incorporar continuamente las enseñanzas de los 3 grandes maestros que tenemos: el señor libro, el señor calle y el señor viaje, pero, sobre todo, hay que saber hacer lo que hizo Galileo: aprender a mirar lo que siempre hemos visto con ojos diferentes cada vez. A veces no hace falta buscar más mundos, sino aprender a mirar a éste con ojos nuevos.
Introducción: la filosofía de las teorías efectivas
Los agujeros negros nos dan el tamaño más pequeño al que podemos comprimir un objeto
Hay una fuerza y una potencia máximas que se pueden ejercer dos cuerpos en la naturaleza.
El hecho de que los objetos en relatividad general tengan asociado un
tamaño gravitacional tal que, si el objeto se pudiera comprimir hasta
ese tamaño, colapsaría para formar un agujero negro, tiene también otra
consecuenca sorprendente. Para verlo, consideremos dos objetos de masas
M_1 y M_2 separados por una distancia D. La fuerza
gravitacional entre ellos es, aproximadamente,
F = \frac{G M_1 M_2}{D^2} = \left(\frac{GM_1}{c^2D}\right) \left(\frac{GM_2}{c^2D}\right) \frac{c^4}{G}.
Sin embargo, M_1 M_2 no puede exceder \frac{1}{4} (M_1 + M_2)^2 y, por lo tanto,
F \leq \left(\frac{G(M_1 + M_2)}{c^2 D}\right)^2 \frac{c^4}{4G}.
Para asegurarnos de que se trata de dos objetos separados, y no de un agujero negro, se tiene que cumplir que G( M_1 + M_2) < c^2 D. Por tanto, la tensión o fuerza entre dos cuerpos no puede exceder el valor
Y un valor máximo para la tasa de cambio de masa de un objeto:
\frac{dM}{dt} = \frac{c^3}{4G} \approx 1.0009 \times 10^{35} kg/s.
La geometría diferencial de la relatividad general no funciona a nivel microscópico, y dar más energía no siempre implica explorar la naturaleza a distancias y tiempos más pequeños
Por otro lado, de la relatividad general sabemos que si conseguimos contraer, sin que cambie su masa, un objeto hasta un tamaño inferior al radio de Schwarzschild
Una vez que tenemos claro qué es la longitud de Planck, podemos entender que el valor concreto de 1,6 \cdot 10^{-35} metros es tan importante como cualquiera de las demás distancias del mismo orden de magnitud. No hay ningún cambio abrupto en ese valor concreto. A distancias propias de ese orden de magnitud la geometría clásica que describe la relatividad general deja de funcionar, pero eso no significa que las distancias se vuelvan discretas. El operador posición no tiene por qué pasar a tener un espectro discreto. De hecho, en el único marco consistente que tenemos ahora mismo para describir la naturaleza a esas distancias, la teoría de cuerdas, el espaciotiempo no se hace discreto a la escala de Planck. Lo que ocurre es que no es posible explorar esas distancias tan pequeñas porque no hay ningún objeto en la teoría (por ejemplo, partículas puntuales) capaces de explorarlas. Esto hace que los intervalos, las superficies y los volúmenes no se puedan localizar a escala planckiana. Como en teoría de cuerdas el espaciotiempo no es discreto, ni siquiera a la escala de Planck, el espacio de Hilbert de todos los estados cuánticos del universo no sólo no puede tener dimensión finita, sino que tampoco esta dimensión puede ser infinita numerable. Esto implica que es imposible que toda la física que observamos sea fruto de una simulación informática, como explico en otro post.
La descripción de la interacción gravitatoria mediante una teoría cuántica de campos sólo es una descripción efectiva a bajas energías.
La radiación de Hawking y la termodinámica de los agujeros negros constituyen la primera ventana a los efectos cuánticos de la gravedad
Los teoremas de ausencia de pelo descritos en un post anterior nos dicen que, en 3+1 dimensiones, los agujeros negros estacionarios quedan completamente determinados con sólo unos pocos parámetros: su masa, sus cargas eléctricas y magnéticas y su momento angular. Sin embargo, Bekenstein ya se dio cuenta de que deberían tener más grados de libertad, pues si al introducir un sistema térmico con entropía dentro de un agujero negro disminuyera la entropía del universo, se violaría la segunda ley de la termodinámica. Como en 1971 Hawking demostró que el área total de los horizontes de los agujeros negros siempre aumenta al unirse varios agujeros negros, Bekenstein propuso que los agujeros negros tienen una entropía proporcional al área de sus horizontes. Por tanto, también se les debería poder asociar una temperatura, resutado confirmado por un cálculo semiclásico de Hawking y diversos cálculos alternativos posteriores, en lo que hoy en día se considera el resultado más importante en teoría cuántica de campos en espacios curvos: un agujero negro estacionario radia térmicamente con una temperatura de cuerpo negro:
donde \kappa es la gravedad del superficie del agujero negro. Para el agujero negro de Schwarzschild:
T_H=\frac{1}{8\pi G_4^NM}
A este proceso de radiación se le conoce como radiación de Hawking y, una forma de entenderlo, es verlo como una transición mecanocuántica en el que el agujero negro se parte en trozos, pero en el que, en vez de partirse en trozos iguales, lo que afectaría mucho al horizonte de sucesos, se parte en un trozo grande y una multitud de trozos pequeños, tan pequeños que, al ser más ligeros que la masa de Planck, quedan mejor descritos como partículas. Restituyendo la constante de Planck y la velocidad de la luz en la fórmula, por si no trabajamos en unidades naturales se tiene:
T_H=\frac{\hbar c^3}{8\pi G_4^NM}
Se trata, por tanto, de la primera fórmula detallada de gravedad cuántica que ha obtenido el ser humano, una fórmula que combina los efectos cuánticos, con los relativistas y con con los gravitatorios, la primera fórmula que nos dice algo sobre la desconocida transición entre la descripcion de agujero negro (válidad para masas muy superiores a la de Planck), y la descripción de partículas elementales (válidad para masas muy inferiores a la de Planck).
La gravedad cuántica seguro que no está descrita mediante una teoría cuántica de campos.
Hemos visto que, por culpa de los efectos cuánticos, los agujeros negros son sistemas termodinámicos que satisfacen la ley cero, la primera y la segunda ley de la termodinámica. Pero, ¿qué pasa con la tercera ley de la termodinámica? Hay, básicamente, dos enunciados de esta ley: el de Planck, que establece que la entropía de todo sistema termodinámico tiende a cero cuando la temperatura tiende a cero; y el de Nerst, que afirma que el incremento de entropía de todo proceso a temperatura constante tiende a cero a medida que la temperatura a la que transcurre ese proceso tiende a cero. Ambos enunciados no son equivalentes porque, aunque Planck implica Nerst, Nerst no implica Planck. De hecho, es Nerst el que es equivalente al enunciado con directa aplicación experimental de que es imposible llegar al cero absoluto de temperatura mediante una sucesión finita de procesos. La mecánica estadística cuántica relaciona estos enunciados con el hecho de que los sistemas cuánticos tienen un nivel fundamental de baja energía. Así, en los sistemas termodinámicos usuales, a temperatura cero todos los estados de partícula simple están en el nivel más bajo posible (teniendo en cuenta el principio de exclusión de Pauli si son fermiones), que es precisamente la configuración con menor entropía. Pero si hay más grados internos de libertad que no intervienen en la energía, debido, por ejemplo, a simetrías no accidentales, entonces aumenta la degeneración del estado fundamental. Esto hace que el número de microestados compatibles en la situación de menor energía se multiplique, dando lugar a la adición a la entropía de una constante aditiva. La historia de la física está plagada de ejemplos en los que, objetos que se creían fundamentales, se vio luego que tenían grados de libertad internos. Por ello, cuando uno hace mecánica estadística de un sistema, uno espera que haya más grados internos de libertad que desconoce, definiendo la entropía salvo una constante aditiva y aplicando toda la filosofía de las teorías efectivas descrita en la introducción.
Que la entropía esté definida salvo constante aditiva es compatible con el enunciado de Nerst, pero no con el de Planck. Esto no crea ningún conflicto con los experimentos que se llevan a cabo con los sistemas termodinámicos habituales, ya que no pueden medirse valores absolutos de magnitudes como la entropía, sino incrementos. Pero, ¿qué pasa con los agujeros negros?
La cota de Bekenstein y el principio holográfico
Imaginemos una región del espacio cuya frontera tiene un área A0, que contiene una cierta cantidad de materia/energía, con una entropía S0. Supongamos que esta materia/energía está en las condiciones en las que puede evolucionar de forma aislada hasta formar un agujero negro. Tras el colapso, en el que disminuye el área de la frontera de esa materia que colapsa, tenemos un agujero negro cuyo horizonte de sucesos tiene área A1<A0, y que posee una entropía proporcional a esta área. Como el sistema está aislado, entonces la entropía no ha podido disminuir, de forma que S1 es mayor o igual que S0. De estas desigualdades tenemos que, para la situación inicial, la entropía S0 de ese conjunto de materia no puede ser mayor que \frac{A_0}{4G_4^N}. Es decir, no podemos empaquetar una información concreta en una región del espacio tan pequeña como queramos, incluso antes de llegar al volúmen de Planck. A esta cota, que viene dada por el área de la región, se la llama cota de Bekenstein, y tiene dos consecuencias sorprendentes.
En primer lugar, la cota de Bekenstein, que hemos obtenido a partir de la física de los agujeros negros, nos dice que los grados de libertad microscópicos (que no sabemos cuáles son) de una teoría cuántica de la gravitación en un volumen dado están acotados, no por el volumen, sino por ¡el área de la frontera de esta región! Es como si todo lo que ocurre en el interior de cierta región estuviera codificado en su frontera. El intento de entender este comportamiento, que, sabemos, ha de tener el espacio-tiempo cuántico en el que vivimos, lleva a la formulación del denominado principio holográfico: toda la física en el interior de cierta región puede ser descrita en términos de una teoría que vive en la frontera de esta región. De la misma manera que toda la información de una imagen holográfica que vemos tridimensional esta codificada en una placa fotográfica que tiene sólo dos dimensiones, la física del mundo en el que vivimos parece entonces estar codificada, sorprendentemente, en un mundo que tiene ¡una dimensión menos! Esta descripción holográfica ha sido encontrada de forma precisa en teoría de cuerdas para espaciotiempos que son ansintóticamente Anti-de Sitter (Ads) y viene dada por una teoría de campos conforme (CFT) definida en la frontera del espaciotiempo en la que ¡no hay gravedad! ¿De dónde surgió esta correspondencia? Eso lo dejamos para otro post. Aquí sólo señalamos que, si repetimos la comparación que hicimos para el comportamiento de alta energía para la gravedad cuántica y una teoría cuántica de campos, pero en el caso de la gravedad cuántica en un espacio asintóticamentr anti de Sitter, entonces sí que no podemos descartar que ésta venga descrita en el UV por una CFT, pero, para que haya correspondencia en cómo depende S con E, esta CFT tiene que vivir en un espacio de una dimensión menos.
En segundo lugar, la cota de Bekenstein viene dada por el área de los horizontes de sucesos de los agujeros negros, que nos da valores absolutos de la entropía en los que no cabe decir "salvo constante aditiva". Incluso en el caso de los agujeros negros extremales, donde la entropía no se va a cero al irse la temperatura a cero, sino a un valor mínimo determinado por las cargas, no cumpliéndose así el enunciado clásico de Planck de la tercera ley de la termodinámica, esta entropía no tiene la libertad de añadir o quitar constantes aditivas. Esto apunta hacia el hecho de que los grados de libertad microscópicos que describen la entropía de los agujeros negros (como, por ejemplo, los de la teoría de cuerdas) son los grados de libertad fundamentales de la naturaleza, y que no hay otro nivel de estructura más profundo por descubrir. De hecho, en teoría de cuerdas, debido, por ejemplo, a la dualidad-T, los tamaños L pequeños comparados con la longitud de Planck ni siquiera tienen significado físico, al ser duales con otros más grandes.
Conclusión
La relación entre la entropía de los agujeros negros y su área la que nos está dando una conexión entre los grados de libertad microscópicos a la energía de la escala de Planck (UV) y a la baja energía de nuestros aceleradores de partículas (IR). En los agujeros negros grandes la curvatura en el horizonte es mucho más pequeña que la escala de Planck, con lo que la descripción efectiva de la métrica de Schwarzschild, Reissner-Nordstrom, etc, dada por la relatividad general, con perturbaciones cuánticas sobre ella es válida. Estos agujeros negros son, por tanto, objetos IR, pero ¡que contienen información sobre la física en el UV! Este link entre la física a tan bajas energías y la de altísimas energías (la escala de Planck) es completamente contrario a la filosofía de las teorías efectivas descrita al principio de este artículo. Cuando hablamos de agujeros negros la física IR y la UV no están desacopladas. Por eso no se puede cuantizar de forma directa el campo gravitatorio mediante una teoría cuántica de campos y hemos tenido que recurrir a otra estrategia con mayor garantía de éxito, la teoría de cuerdas, emulando lo que ya ocurrió a mediados del siglo pasado cuando, al no poderse cuantizar ingenuamente la partícula relativista, desarrollamos otro modelo cuántico alternativo y exitoso: la teoría cuántica de campos.
Todavía de la teoría de cuerdas sólo conocemos algunas esquinas perturbativas y algunos fenómenos no perturbativos que podemos controlar bien sólo en situaciones supersimétricas. Estas esquinas perturbativas son las supercuerdas tipo I, tipo IIA, tipo IIB y heteróticas E8xE8 y SO(32), que viven en 10 dimensiones espaciotemporales. Se conjetura que hay otra descripción, la teoría M, que no es una teoría de cuerdas propiamente dicha y que es 11-dimensional. Todas éstas están relacionadas por una web de dualidades. Dado que todos los fenómenos que observamos en el universo ocurren en 4 dimensiones espacio-temporales, es de suponer que las dimensiones sobrantes son compactas y están plegadas en tamaños tan pequeños que sólo podríamos detectarlas a energías muy altas. La teoría efectiva 4-dimenional que surge a energías que son accesibles a nuestros experimentos depende fuertemente de la geometría y los flujos que haya en esas dimensiones extra. Un mito sobre la teoría de cuerdas bastante extendido es que cualquier teoría de campos en cuatro dimensiones efectiva a baja energía se puede obtener con la compactificación adecuada en teoría de cuerdas, pero esto no es así. Aunque el número de vacíos posibles de la teoría de cuerdas sea enorme, lo que se denomina el Landscape, es un conjunto numerables (lo cual ya suponen un avance infinito con respecto a la teoría cuántica de campos en la que muchos parámetros toman valores reales y se pueden tunear como te dé la gana) y, además, la mayoría de las teorías efectivas de campos posibles están descartadas. Sólo un conjunto muy restringido coincide con alguna aproximación a baja energía de la física que describe la teoría de cuerdas. Hacer compatibles los principios fundamentales de la física sólo es posible mediante restricciones muy fuertes. En este caso se trata de los principios de de la mecánica cuántica, la relatividad y la gravitación.
Por tanto, al contrario de lo que pensábamos hasta hace pocas décadas, las teorías de campos efectivas que describen cómo se comporta el mundo que observamos a bajas energías no pueden ser cualquier teoría cuántica de campos consistente (libre de anomalías, etc), sino que están sometidas a fuertes restricciones que surgen de la condición de que en el ultravioleta (cerca de la escala de Planck) se tienen que poder acoplar de forma consistente a la gravedad cuántica. Estos criterios se denominan Criterios de la Ciénaga (Swampland), y son candidatos a ser los principios fundamentales que unifiquen toda la física de partículas con la gravedad cuántica. Pero no es estrictamente necesario meterse en el complicado y avanzadísimo mundo de la teoría de cuerdas para entender algo sobre los criterios de Swampland. Ya sólo la física de los agujeros negros nos permite explicar la física que hay detrás de muchos de estos criterios, y eso es lo que vamos a hacer en lo que queda de artículo. Por supuesto, la investigación avanzada que se esta haciendo en este campo combina ambos caminos: la física de agujeros negros y las compactificaciones de teoría de cuerdas. Pero eso lo dejamos para el siguiente post:
- Lo que los agujeros negros nos están enseñando acerca de las leyes de la física: los criterios de Swampland.
Aquí concluímos remarcando que el principio holográfico nos está llevando a entender el universo de una manera completamente nueva, una manera de hacer física sin utilizar el espacio-tiempo de la relatividad general como concepto fundamental, ya que éste tiene que estar descrito por una teoría sin gravedad en una dimensión menos. Este principio, además, casa bien con la que, a mi juicio, es la mejor manera de abordar el problema de la información de los agujeros negros: el princpio de complementariedad. Alicia, que ha entrado en un agujero negro grande, no ha sentido nada especial cuando ha atravesado el horizonte para, después, morir en la singularidad. En cambio, para Bob, Alicia ha sido empaquetada en el horizonte de sucesos y expulsada, ya muerta, en forma de radiación térmica. Son dos historias contradictorias, pero no hay forma en el universo de confrontarlas entre sí, ya que, si Bob espera a recoger desde fuera del agujero negro los restos de Alicia para llevarlos al interior y enseñarselos a Alicia, cuando Bob entra al agujero negro, Alicia ya ha sido destruída en la singularidad. No hay ninguna forma experimental de que esas dos historias colisionen con lo que tenemos que admitir que ambas son ciertas a la vez, y que la vida de Alicia dentro del agujero negro es físicamente equivalente a la de ella en el horizonte, que el espacio-tiempo que Alicia está experimentando es emergente, está codificado en el horizonte.
En este post no hemos tenido tiempo e hablar de la correspondencia AdS/CFT, que es un modelo matemático preciso del principio holográfico en universos asintóticamente Anti-de Sitter (AdS). Según esta correspondencia, a la que llegó Maldacena estudiando cómo la teoría de cuerdas describe los agujeros negros, la física de cuerdas en ciertos espacios cuya parte no compacta es asintóticamente AdS, que es una física que describe la gravedad cuántica, es equivalente a la física codificada en la CFT (sin gravedad) que vive en la frontera de AdS. Se da la situación paradójica de que, para poder tener un modelo matemáticamente consistente en el UV de la gravedad cuántica, hemos postulado que el universo está hecho de nuevas estructuras, cuerdas en vez de las partículas que describen las teorías cuánticas de campos. Y ahora descubrimos que esas cuerdas no son tan fundamentales como se propuso originalmente, ya que los elementos dinámicos de la CFT equivalente vuelven a ser las partículas de la teoría cuántiaca de campos, pero en una dimensión menos. El propio espacio en el que vibran y se mueven esas cuerdas no es más que un constructo emergente que surge de las excitaciones de las partículas en la frontera de ese espacio. En palabras de Jose Luis Fernández Barbón, "el carácter revolucionario no está en la necesidad de inventar nuevas estructuras, sino en interpretar el propio espacio como emergente", en ver al espacio con otros ojos, como hizo Galileo con el péndulo.
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